martes, 3 de enero de 2012

Adultescent Horror Story

Era de noche y el lugar donde me encontraba -la entrada de mi facultad- apenas estaba iluminado. La luz de las farolas en la calle entraba por las ventanas de la fachada, haciendo parcialmente visibles las escaleras de piedra.

-Parece que nunca saldremos de aquí. -La voz de Ester me sobresaltó a pesar de su dulce cadencia. Me miraba de frente, nostálgica, no por el recuerdo una época añorada, sino por la ensoñación de un futuro que no parecía llegar.

Dejé atrás a mi compañera de piso, internándome en el claustro que rodea al patio central, donde la hierba parecía más espesa que al sol de la mañana y las ramas de los árboles arremetían contra cristales y paredes a causa del viento. Las aulas estaban cerradas, así que solo podía caminar hacia delante. Habiendo avanzado unos pasos, iluminada por el claro de luna, me encontré con la indolente figura de Alberto, apoyado sobre una columna en una esquina con la mirada fija en mí.

-No tengas tanta prisa por graduarte -me dijo, dándome la sensación de que hablaba la voz de la experiencia, una experiencia triste y decepcionante-. Allá afuera está tan oscuro como aquí.

Sin más giró sobre su propio eje y se perdió al otro lado del corredor. El eco de unos pasos y después nada.

No iba preparado para el frío de un edificio antiguo y empecé a temblar. Intenté encontrar calor en mi propio abrazo, pero fue inútil; la pétrea temperatura del ambiente se me había metido en los huesos. Seguí caminando hacia la salida trasera. Al pasar delante del ascensor este se abrió, bañando el suelo a mis pies con un amarillo artificial. No había nadie dentro. Impaciente, me lancé sobre la puerta de salida y empecé a zarandearla. Echando un vistazo a través del cristal comprobé que estaba encadenada desde fuera, calentando la desesperación que llevaba tiempo fraguándose en mi piel, a la que, hasta aquel momento, había podido moldear a duras penas.

-Aquí, al menos, estás a salvo de la gente. -Como empujado por la dueña de aquellas palabras me di la vuelta, tragándome un grito ahogado mientras descubría la esbeltez de Laura semioculta entre las sombras, que se habían vuelto a apoderar del lugar al cerrarse la puerta del ascensor-. Cada vez resulta más difícil fiarse de nadie. Cuanto más quieres a alguien, más poder le otorgas para que te haga daño.

A la suya se unieron otras voces familiares, igualmente incisivas en sus sentencias y descorazonadoras en sus razones. Laura ya no estaba delante de mí, ni tampoco los demás, pero sus advertencias sí; estas permanecieron, dispersándose a mi alrededor -por todas partes- como la mortecina oscuridad que tan temible hacia la permanencia en aquel lugar.

A medida que corría un alarido se hizo paso en mi garganta, hasta que una cristalera saltó por los aires empujada por una rama violenta, sacándome fuera de aquel horrible sueño.

Ya era de día cuando abrí los ojos. Un día como los demás. Ni mejor ni peor.

7 comentarios:

joac dijo...

Te envidio por soñar, aunque sólo sea una pesadilla y te envidio por recordar lo soñado. Yo hace mil años que no recorro mi mundo interior onírico y sinceramente, este en el que vivimos es una mierda.

Me encanta tu frase: "Cuanto más quieres a alguien, más poder le otorgas para que te haga daño". Es una gran verdad.

Un abrazo muy fuerte y feliz año nuevo. :)

DosBichos dijo...

Cada vez resulta más difícil fiarse de nadie. Cuanto más quieres a alguien, más poder le otorgas para que te haga daño.

Pum. Lapidaria.

P.

DosBichos dijo...

Por cierto, Felicísimo Año.

Mandarina dijo...

La frase de Laura me la repito mucho...pero no puedo evitar encariñarme con las personas cercanas, a pesar de haberme llevado terribles desengaños...sobre lo demás lo único que te puedo contar es que conozco a quien se quedó dormido en la biblio y cerraron con él dentro...le saltó la alarma y tuvo que salir realmente como cuentas :)

Vértigo dijo...

Me gustó.

Nacho López Murria dijo...

Ten cuidado, que menudo miedo...así uno cómo va a querer estudiar una carrera.

Guillermo Rodríguez Nodar dijo...

Gracias por pasarte, espero haberte sorprendido gratamente :)