Hay una clase de chica que me saca de quicio. Es la "novia de". Se presenta ante ti con la mirada bien arriba, el cuello recto, digna y orgullosa; no orgullosa de ella misma, sino de su propiedad, que es su novio. Él es perfecto, es maravilloso, el hombre ideal, su hombre ideal. Se siente tan feliz de formar parte de su vida, o de que él forme parte de la suya, que cualquier otro ser humano que los ronde es una posible amenaza para ella.
Te lanza una mirada desafiante con la que pretende dejarte claro que no le gustas, te llama puta -o marica- con esos ojos entrecerrados y el ceño fruncido, pero antes de eso te ha analizado de arriba a abajo, por dentro y por fuera, para calibrar el nivel de riesgo que tu existencia supone para el bienestar de su relación. Esa mirada sólo significa una cosa: "él es mío, atrévete a tocarlo".
Es una leona. Defiende lo suyo con uñas y dientes. Es una borde consumada y encantada de serlo, porque hace todo lo posible por resultar desagradable a los demás, con la esperanza de aislar a su querido novio de la sociedad. Quiere a su "cari" todo para ella. Ni amigos, ni salidas nocturnas -no sin ella-, ni nada que la excluya.
La "novia de" se ha comportado así con todos sus novios desde que empezó a salir con chicos a los dieciséis. La mayoría acaban mandándola a la mierda, por pesada, por obsesiva y por celosa, porque no hay nada peor que una pareja con tales defectos. Mantiene esta conducta a los veintitantos, sus novios la siguen dejando por las mismas razones de siempre, pero ella no cae de la burra. Es tan ignorante que piensa que no hace nada mal, por eso, cuando se convierta en "señora de", será la típica mujer que pone en ridículo a su marido delante de sus amigos -los pocos que le queden después del noviazgo-, le acuse de serle infiel a pesar de que el pobre hombre es un buenazo y acapare la navidad para ella sola y su propia familia, evitando hasta el límite de lo razonable la relación con su familia política. En ellas la palabra "esposa" adquiere un significado global. Sus propias acciones la convertirán en una ex mujer odiosa y vengativa que hará con sus hijos lo mismo que hizo con los amigos de su marido.
Si los hombres son más fuertes, las mujeres ganan en inteligencia, que se atreva alguien a negarlo. Por eso un hombre celoso utiliza la fuerza para imponerse sobre su pareja, y una mujer celosa lo hace a través de la manipulación y el chantaje emocional.
Son como perros, echando una meada encima de cada árbol, esquina y farola con la que se rozan. Son unas perras.
Te lanza una mirada desafiante con la que pretende dejarte claro que no le gustas, te llama puta -o marica- con esos ojos entrecerrados y el ceño fruncido, pero antes de eso te ha analizado de arriba a abajo, por dentro y por fuera, para calibrar el nivel de riesgo que tu existencia supone para el bienestar de su relación. Esa mirada sólo significa una cosa: "él es mío, atrévete a tocarlo".
Es una leona. Defiende lo suyo con uñas y dientes. Es una borde consumada y encantada de serlo, porque hace todo lo posible por resultar desagradable a los demás, con la esperanza de aislar a su querido novio de la sociedad. Quiere a su "cari" todo para ella. Ni amigos, ni salidas nocturnas -no sin ella-, ni nada que la excluya.
La "novia de" se ha comportado así con todos sus novios desde que empezó a salir con chicos a los dieciséis. La mayoría acaban mandándola a la mierda, por pesada, por obsesiva y por celosa, porque no hay nada peor que una pareja con tales defectos. Mantiene esta conducta a los veintitantos, sus novios la siguen dejando por las mismas razones de siempre, pero ella no cae de la burra. Es tan ignorante que piensa que no hace nada mal, por eso, cuando se convierta en "señora de", será la típica mujer que pone en ridículo a su marido delante de sus amigos -los pocos que le queden después del noviazgo-, le acuse de serle infiel a pesar de que el pobre hombre es un buenazo y acapare la navidad para ella sola y su propia familia, evitando hasta el límite de lo razonable la relación con su familia política. En ellas la palabra "esposa" adquiere un significado global. Sus propias acciones la convertirán en una ex mujer odiosa y vengativa que hará con sus hijos lo mismo que hizo con los amigos de su marido.
Si los hombres son más fuertes, las mujeres ganan en inteligencia, que se atreva alguien a negarlo. Por eso un hombre celoso utiliza la fuerza para imponerse sobre su pareja, y una mujer celosa lo hace a través de la manipulación y el chantaje emocional.
Son como perros, echando una meada encima de cada árbol, esquina y farola con la que se rozan. Son unas perras.

