jueves, 7 de abril de 2011
Putas
lunes, 28 de marzo de 2011
Tres chicos solteros
viernes, 18 de marzo de 2011
Un día cualquiera
09:00. Suena This Is Your Life de The Killers. El día acaba de empezar y ya se han jodido dos cosas: la primera es la canción, que de tanto despertarme he terminado aborreciéndola; lo segundo es mi estado de ánimo. Detesto madrugar.
09:25. Echo un chorro de leche al café y, de pronto, no lo veo todo tan negro.
10:00. No conozco a nadie en el aula, así que me siento cerca de la puerta para ser el primero en salir. Nótese que todavía no ha empezado la clase y ya estoy pensando en marcharme.
10:10. Imparte la clase un profesor. Ningún maestro.
10:15. En diagonar hacia abajo en las gradas veo a un chico monísimo. La naturaleza le dio una espalda fuerte y una melena rizada y rubia; mi imaginación, ojos azules. Se gira para hablarle a la chica que se sienta a su lado. Se ríen de algo realmente gracioso. El profesor está demasiado absorto en su discurso como para darse cuenta de que nadie más lo está escuchando.
10:20. Me aburro. Empiezo a contar los colores del aula, pero enseguida lo dejo; no conozco tantos tipos de blanco.
14:00. Hora punta en el comedor de Medicina. Vengo aquí porque la comida es tan buena como barata: mucho.
16:00. Vuelvo a coincidir con el chico rubio monísimo de la clase de las diez. Esto promete.
17:00. A la salida de clase el chico rubio monísimo es recibido con un beso y un abrazo por un chico moreno monísimo. Mi gozo en un pozo.
17:15. Un té rojo con El Gran Gatsby.
18:45. No hay mucha gente en la biblioteca. La bibliotecaria y yo.
19:20. La bibliotecaria se queda sola.
19:50. Salgo del videoclub con dos películas. Me ha costado elegirlas. Cada vez me cuesta más tomar decisiones.
20:05. El piso está como lo dejé: oscuro y desordenado.
21:30. En cuanto termina la primera película me preparo algo de cenar. Ceno.
22:00. Meto la segunda película en el portátil. Una comedia. No me apetece pensar.
00:00. A la cama.
jueves, 3 de marzo de 2011
¿Qué es un adulto?
Un adulto sigue siendo un adulto a pesar de no comportarse como tal. Un hombre en plena crisis de mediana edad, que se emborracha y se acuesta con alguien distinto cada noche a pesar de estar comprometido, actuando como un niñato, no se comporta como el adulto que es, pero no por ello deja de serlo. Es inmaduro, patético, pero sigue siendo un adulto. Un crío que hace los deberes todos los días y ayuda a sus padres en las tareas domésticas es alguien que se comporta como todo un hombre, como una persona adulta. Pero sigue siendo un crío.
lunes, 14 de febrero de 2011
Algo sombrío
El que permanecía en el anonimato se atragantó al tomar un trago, quemando su garganta ya ronca de tanto reír a carcajadas. Alberto y Eloy le acompañaron. Lo que a ellos hacía tanta gracia, a mí me ponía los pelos de punta. Era un espectáculo grotesco.
Parecieron notar mi presencia, porque detuvieron el baile y las risas. Las sombras que los seguían, aunque se demoraron unos segundos más, pararon con ellos.
El tercer personaje, que me daba la espalda, miró alternativamente a sus dos compañeros y, mientras estos parecían relamirse con el veneno de sus intenciones, anunció:
-En mis dedos un escalofrío... Se aproxima algo sombrío.
Empezó a girarse, pero no llegué a encontrarme con su mirada, porque al segundo estaba despierto. De nuevo bañado en sudor y mareado, pero esta vez de verdad. Me había quedado dormido en el sofá mientras veía una versión de Macbeth ambientada en tiempos modernos, con mafiosos y pistolas sustituyendo a caballeros y espadas. Lo que funcionó una vez..., debió pensar el director de la película.
Me incorporé. A medida que me recuperaba del mal sueño, se hizo más evidente la vibración de mi teléfono móvil, que llevaba un rato intentando llamar mi atención. Era Alberto, con una pregunta que hacerme:
¿Salimos esta noche?
lunes, 31 de enero de 2011
Amores imaginarios
Te invitan a una fiesta. Nada extravagante, una reunión de no más de diez personas en el piso de una amiga. Conoces a la mitad, tienes confianza con la mitad de la mitad. Todavía queda gente por llegar y ya estás nervioso. No saber quién viene te inquieta. Esperando silenciar tus complejos te sirves la primera copa. Funciona. Te sientes más animado, menos cohibido. Estás charlando con tu mejor amiga, que también ha venido, y tres copas más tarde te encuentras partiéndote de risa con uno de los desconocidos a los que no hace mucho temías conocer. Es un chico muy divertido, y guapo. Y no puedes dejar de mirarle. A los ojos. Estos también sonríen. Tiene unas manos perfectas. Es una fijación que tienes, las manos. Dedos proporcionados, nudillos fuertes sin alcanzar la violencia, uñas cuidadas. Te fijas en sus gestos y los grabas en tu memoria, esperando que dicha información sobreviva a la resaca. Conectáis. Los demás no se acuerdan de vosotros, y vosotros no os acordáis de los demás. Él te da fuego, tú le ofreces tu copa. Habláis, y habláis. Y reís. Os gustan las mismas cosas. Os gustáis. Al menos eso crees. Es el chico perfecto, y es hetero.
sábado, 22 de enero de 2011
De horóscopos y relaciones estrelladas
Algunas personas son unas ratas. Sobre todo las que conoces a través de una web de contactos, con las que mantienes una sola conversación tras la que te insisten hasta conseguir quedar contigo en persona; te las llevas a la cama, porque sí, porque te atraen y porque te preocupa olvidar la diferencia entre tu mano y la de los demás; pasas con ellas una semana que, a falta de una palabra más precisa, consideras genial; llega el primer día sin recibir una sola llamada, tampoco un sms, ni siquiera un maldito mensaje en Facebook, y te preocupas, aunque nunca lo reconocerías; después el segundo y el tercero, y no te queda más remedio que comportarte como un acosador, porque te mereces una explicación, aunque ya imagines lo que pasa, que tonto no eres, a pesar de saber que no te va a gustar. Te la mereces y no te la dan. Te quedas sin ella, porque esas personas, las ratas, que ya son tus ex ratas, no saben de honestidad, ni de respeto. Sí, algunas personas son unas ratas. Él, una de ellas. No lo digo yo, lo dice el horóscopo chino. Podría haber consultado el horóscopo tradicional, pero según éste, aquel al que me refiero como “Él” sería un libra, la balanza de la justicia, nada menos. En cuestiones espirituales, los orientales siempre han ido un paso por delante.